martes, 23 de febrero de 2010

ENCUENTRO FAMILIAR

La tarde estaba linda, el cielo despejado y el sol entibiaba el mármol que recién había pulido con lo poco que tenía a la mano luego de quitarle el polvillo y limpiarlo con una hoja de diario viejo y agua de un florero que conseguí por ahí.
Miré a los lados, me senté cómodo y relajado, termo en mano y un mate que sería testigo y compañero.
¿Como comenzar después de tantos años de no visitarte? y ¿Que contarte primero? Como tomando carrera con un suspiro, arranqué con el recurso universal, lindo día eh!
Luego, todo se fue haciendo más fácil. Hable de mi salida del país en busca de algo mejor, un poco de Boca por supuesto, y ya mas en confianza, largué la artillería.
Palabras, palabras y más palabras cada vez con más entusiasmo y ganas. Y no paré hasta llegar a lo último casi antes de entrar a verlo.
Sentí que nada de lo que relataba era desconocido para el. Sentí como que hubiera estado todo este tiempo a mi lado. Que sabía de mis aciertos y errores, de mis satisfacciones, amores y dolores. ¡Hasta podía jurar que mis cinco hijos pasaron por sus manos!
En verdad, tampoco le reproché haber marchado tan pronto, ¡Dios manda compadre! y, aunque grites o ladres no hay nada que hacer, solo aceptar y crecer sabiendo que a tu lado sigue fuerte y parado.
Le conté de mis mujeres. De todas, una por una. De mis, amigos, trabajos, ¡parloteé como una hora de mis hijos! Y hasta de algunas canciones. Parecía loco cantando solo con el mate como micrófono
¿Quien entiende a la gente?, se preguntarían al verme. ¡Pero que! así me siento bien.
Creo que me marcho viejo
El agua se enfría, la tarde refresca y la noche de agosto es tempranera.
Son casi las cinco, asoman las sombras y la poca gente que veo ya se está yendo.
Creo que me marcho padre, será hasta la otra. Ya viene un viejo anunciando que no queda nadie y a esta hora, el cementerio, se va cerrando.



Jorge A. Fiszer
22/08/2009

No hay comentarios:

Publicar un comentario